Bolivia, mi primera experiencia de viajar sola

Febrero 26th, 2017 / by / in: Viajes / No responses

Ya  en el avión, con destino a La Paz, Bolivia. Ya no me da nervios despegar en un avión, de hecho creo que es una de los momentos que más me gustan de viajar, la primera adrenalina de las nuevas aventuras. Pero esta vez, si mi estómago sonaba como nunca, de puros nervios por viajar sola y además muy ansiosa de conocer un nuevo lugar y esperando que el destino me sorprendiera.

Es increíble como los viajes te abren la mente y te hacen descubrir y mejorar aspectos de tu personalidad muy escondidos. Cuando pequeña solía ser muy tímida, poco sociable y muy miedosa. Lo sociable lo mejore en mi adolescencia y bien lo saben mis amigos. La timidez y los miedos creo que los he ido liberando a través de las experiencias de vida, sobre todo en los viajes, donde te enfrentas con todo tu mundo interno.

Llegué a la Paz al atardecer y me fui de inmediato a una agencia de viajes para no perder ni un minuto y organizar mis destinos. Ya llevaba listos algunos itinerarios pero como iba por pocos días necesitaba organizarme bien. Luego de esto, salí a recorrer el centro de la ciudad y el famoso Mercado de las Brujas, la Plaza Mayor y la iglesia de San Francisco. La Paz es una ciudad muy particular, es una de las más altas del mundo estando a 3650 mt de altura, está rodeado de montañas y se destaca porque la mayoría de sus casas están hechas de cemento y mantienen la tonalidad natural de este.  Hay que llegar con calma porque es muy fácil apunarse el primer día.

El segundo día partí con una de las mejores aventuras: El camino a Los Yungas, más conocida como la Carretera de la Muerte. Totalmente increíble, la máxima adrenalina. Un camino lleno de curvas con una pendiente que mejor ni acercarse y lleno de piedras y barro que lo hace ser más difícil y entretenido. A mí me tocó mucha lluvia también así que fue intenso. Sólo con recordarlo me dan ganas de repetir la experiencia.

Luego de terminar con este recorrido, me cogió un auto que me llevo a Coroico, llovía a cántaros y llevaba todas mis cosas mojadas así que me quedé en el hotel descansando y al otro día recorrí el pueblo, fui a las cascadas y  a ver los cultivos de café, comí algo y volví a la Paz en la tarde. No pude disfrutar mucho de este pequeño y acogedor pueblo, pero lo poco que vi me encantó. Prepárense para el camino de vuelta de Coroico a la Paz porque es pura neblina, prácticamente no ves nada, solo debes confiar plenamente en el conductor que hasta se atreve a adelantar autos (son increíbles conductores).

En la noche quede con Asier, un amigo muy simpático de Bilbao que conocí en el tour de la carretera. Él llevaba un tiempo recorriendo Sudamérica y llevaba un mes viviendo en la Paz. Me llevó a conocer algunos lugares para comer y fuimos a tomar unas cervezas a un bar clandestino muy entretenido, compartimos experiencias de vida y de viajes y terminamos la noche con un grupo de músicos que tocaba música andina, muy divertidos, hasta un disco de ellos me traje de regalo.

Creo que dormí 3 horas esa noche y desperté a las 7 am para tomar un bus que me llevó a Copacabana. A pesar de mi sueño, no pude dormir apreciando el camino hacia mi nuevo destino. En Copacabana aproveché de almorzar y luego cruce a la Isla del Sol por el gran lago Titicaca. Tuve la suerte de irme con una chica del pueblo donde me contó acerca de la virgen de Copacabana, la fe que tienen en ella y algunos de los milagros que ella había presenciado. A pesar de que no soy católica, me encantó escuchar a esta chica que hablaba con mucha alegría en el alma cuando se refería a quien llaman la Reina de la Nación.

Llegando a Isla de Sol, recuerdo cómo me arrepentí de haber fumado tabaco la noche anterior, después de haber subido una escalera de miles de peldaños combinados con la altitud de la isla, me quería morir.

Me quedé en un hostal con una hermosa vista al lago. Conocí a unos chicos españoles con los que salí a comer algo y compartir un vinito.

Al otro día bajé para quedarme a la orilla del lago leyendo y disfrutando del paisaje. Ese día me hospedé en la zona de abajo pero no la recomiendo porque cierran el único lugar para comer súper temprano y si subes debes hacerlo con linterna, volver a tomar la escalera interminable, por un camino solitario y  muy agotador, así que no es muy factible. A la mañana siguiente me levanté muy temprano para ver el amanecer, una vista increíble que no puedes perderte.

Volví a Copacabana para recorrer el pueblo y su famosa Basílica de Nuestra Señora de Copacabana y tomar el bus de vuelta a la Paz.

Para mis últimos días tomé el tour de Tiwanaku, una ciudad arquélologica donde puedes ver restos de pirámides y esculturas con una arquitectura muy interesante.

Mi última noche aproveché de disfrutar nuevamente con mi amigo Asier recorriendo diferentes bares del centro y conociendo un poco más de las noches en La Paz.

Antes de tomar mi vuelo de regreso a Chile tomé un city tour para recorrer los principales atractivos y subir al mirador Killi Killi donde puedes ver toda la ciudad.

Sin duda hay muchas cosas que hacer en La Paz y me hubiera encantado tener más tiempo para ir a otras ciudades de las que me han hablado maravillas.


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